
Nosotros, los Raelianos, tenemos un doble tesoro. El tesoro de saber quiénes somos, sabiendo, gracias a los Elohim, de dónde venimos. Estás en un proceso del despertar, durante toda tu vida.
En la Academia de la Felicidad, te enseño a hacerte las tres preguntas fundamentales. ¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy aquí? —Ahora me lo pregunto—. ¿Quién está conmigo? Tienes que reflexionar a fondo sobre estas tres preguntas. Nunca deben convertirse en un hábito, en un pensamiento inconsciente.
Ahora mismo, aquí mismo: ¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy aquí? Quince años en Okinawa, ¿por qué? También te lo puedes preguntar. De hecho, deberías preguntártelo. No es “tu puedes”, es que deberías. Es muy interesante tener una visión panorámica a lo largo del tiempo de estas preguntas. Todos nacieron como Budas. Cuando naces, eres un Buda. La educación, el conformismo y el condicionamiento te hacen olvidar quién eres.
¿Qué significa ser un Buda? Significa ser consciente en todo momento de: dónde estoy, por qué estoy aquí y quién está conmigo. ¡En todo momento! Estemos donde estemos, hagamos lo que hagamos, estas preguntas son parte de nosotros.
Pero los sonámbulos —y la sociedad está llena de sonámbulos— saben lo vacía que es su vida. Ganar dinero, comer, tener un sitio donde vivir, ir a trabajar cada mañana, andar como sonámbulos, volver a casa por la noche… y mañana, lo mismo. Pasado mañana, lo mismo. La semana que viene, lo mismo. El mes que viene, lo mismo. El año que viene, lo mismo.
A veces, estas personas se ven obligadas a enfrentarse a estas tres preguntas: ¿Dónde estoy? ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Quién está conmigo? No saben quién está con ellas. Viven en lo que yo llamo “casas de conejos” no saben quién está al otro lado de la pared, aunque vivan en el mismo edificio. No saben por qué, y nunca encuentran ninguna respuesta. Y un día, mueren. Esa es su vida.
Y ven, a veces, te ven a ti, con tu sonrisa, con tu símbolo, con esa luz en tus ojos, con una sonrisa en la cara. Y están muy celosos, muy envidiosos. Parecen felices. ¿Por qué yo no soy feliz? ¿Por qué ellos son diferentes? La única respuesta que encuentran es una pastilla llamada antidepresivo. El 70% de la gente en Estados Unidos, el 70%, toma pastillas. ¿Cuál es el objetivo de estas pastillas? Dejar de hacerte estas preguntas, porque no encuentran respuesta.
Tenemos las respuestas. Sabemos por qué estamos vivos; sabemos dónde estamos, y de forma natural se nos dibuja una sonrisa en la cara, de forma natural nos entra la risa, no necesitamos pastillas. Todo está dentro de nosotros. Y así, de forma natural, volvemos a ser el Buda que ya somos.
Todos los que están aquí, incluyéndome a mí, fueron bebés: diminutos como gatitos, cagando y meando en la ropa, sin poder hacer casi nada. Pero eran bebés felices. Solo tomabas del pecho, y la vida era maravillosa. Pero toda la sociedad te controla. No quieren que seas feliz: los gobiernos, las religiones, todos los poderes de la Tierra. Quieren controlarte. Dicen que no puedes ser feliz sin su poder. Pero eres feliz, y eso nos hace peligrosos. Somos peligrosos porque tenemos las respuestas a estas tres preguntas y odiamos que nos controlen.
No aceptamos que nadie nos controle. Ni siquiera nuestros padres. Si mamá y papá intentan controlarnos, en cuanto podemos, nos escapamos. Cambiamos de lugar, cambiamos de país, lo cambiamos todo, porque queremos ser nosotros mismos. No queremos que nadie nos controle, ni ningún tipo de poder. Ser libres. Esa es la cualidad número uno de los Raelianos.
Y cuando la gente que no nos conoce te ve venir a la Academia de la Felicidad, dice: “Oh, están controlados por Maitreya”. Y desde hace ya cincuenta años, te he estado enseñando a rechazar a que nadie te controle. Ni siquiera por mí. Ni siquiera por los Elohim. Los Elohim no quieren controlarnos. Si alguna vez pidieran controlarnos, yo, Maitreya, dejaría de ser Raeliano. Apostataría.
Los Elohim, en su amor infinito, dicen: si lo deseas, construye una Embajada. No es “tienes que”, no hay control. Si deseas, si sientes ganas de hacerlo, crea una Embajada para recibirnos, de igual a igual, y así podamos compartir amor, porque somos iguales. Los creamos a nuestra imagen. Esa es una frase muy importante: “a nuestra imagen”. Si hemos sido creados a su imagen, Ellos no pueden ser superiores. Solo podemos ser iguales. Y ese es uno de los tesoros del Mensaje de los Elohim.
No hay un dios único Todopoderoso que nos mire desde arriba diciéndonos “haz esto, haz aquello” y controlándonos. Los Elohim son todo lo contrario. No quieren controlarnos, sino darnos la oportunidad de ser nosotros mismos. Recibir a los Elohim es un acto de amor, no de sumisión a ninguna autoridad.
Y todo lo que hacemos con amor nos hace libres. Libres para amar, libres para recibir a los Elohim, libres para sentir el Infinito. El infinito es libertad. El infinito no nos controla, somos nosotros. Yo soy el infinito. No solo yo, cada uno de ustedes, igual al infinito.
Y libre para volver a ser lo que eras en el momento de la concepción. Cuando un espermatozoide y un óvulo crearon tu primera célula, ya eras un Buda. Ser un Buda es ser libre, estar siempre riendo, tener siempre la respuesta a estas tres preguntas. ¿Por qué estoy aquí? ¿Dónde estoy? ¿Quién está conmigo? Tenemos la respuesta. Y cuando sentimos de verdad el profundo significado de eso, nadie puede controlarnos. Ni siquiera los Elohim. Ni Maitreya.
Te amo y los Elohim te aman libremente. Si no eres libre para ser amado, no hay amor. Cuando te obligan a algo, no hay amor. Y esto es un poder y una energía increíbles.
Disfruta de este privilegio: el de ser. Ser. Ser: cuando eres, eres tú mismo. Diferente, muy diferente: personalidades diferentes, estados de ánimo diferentes, aspectos diferentes, edades diferentes. Pero todos son Buda. ¿Qué significa eso? Ser. Ser un Buda es simplemente ser.
Voy a terminar este discurso muy largo con una pregunta.
¿Eres ¿Eres? [Sí] Gracias.
Nuestro camino es el camino. Gracias, Elohim. Gracias por su respeto, por tratarnos de igual a igual. Y precisamente porque nos tratas como iguales, se merecen el mayor respeto.
Te deseo una eternidad maravillosa, no solo un hoy maravilloso, y espero que estemos juntos para siempre.

