
¿Cómo empezar el día? Siempre sonriendo. Solo. No sonriendo a los demás, que eso es una forma de comunicación. En tu cama o en tu futón, cuando te despiertes, antes de abrir los ojos, sonríe.
¿A quién le estás sonriendo? ¿A nadie? ¿A nadie?
A miles de millones de células. Tu cuerpo. ¿Cuántas? Treinta y cuatro mil millones o billones, no me acuerdo, de células.
Cuando sonríes, ellas lo notan. Y cuando ellas sonríen, porque también pueden sonreír, lo sientes. A veces, seguro que todos lo han notado: “Ah, qué bien me siento”. Sobre todo cuando te estiras o cuando respiras profundo así. Haces sonreír a estos miles de millones de células. Cuando no tienes suficiente oxígeno para darles energía, es normal que sueltes un suspiro profundo. ¿Qué es eso? ¿A quién le hablas cuando dices “Ahhh…”? A estas células.
Cuando te duele algo, cuando te haces daño en la rodilla o en cualquier otra parte, ¿qué haces? “Ay, me duele el estómago… ah…” Y luego te tocas esa zona. ¿Por qué? Te comunicas con tus células y te sientes mejor. Con solo poner la mano ahí.
¿Quién toca a quién? Te estás tocando a ti mismo. Te estás comunicando con tus células.
“¡Hola! ¡Ya estoy aquí! ¡Te amo! ¡Deja de sufrir!” Me tocas. Es increíble, ¿eh?
A veces nos reímos de los mayores, o también de los jóvenes, que hablan solos. “Oh, voy a preparar algo”. Mi madre era así. “Oh, quizá tenga que echar un poco más de sal”. Sola en la cocina. Todo lo que hacía, lo decía en voz alta. Nadie la escuchaba. Las células sí. Instintivamente, te hablas a ti mismo.
¿Quién le habla a quién? A ti mismo. Si te duele el estómago, háblale a tu estómago. “Te entiendo. Entiendo tu sufrimiento. Pronto te sentirás mejor”. Las células lo perciben.
Recuerdo que, en algunas etapas de mi vida, estuve en el hospital porque estaba muy enfermo. Puedes elegir entre sufrir o curarte. Tú mismo te curas del dolor físico o del sufrimiento mental.
Cuando estás triste, deprimido o simplemente tienes un mal día, le pasa a todo el mundo. Entonces surge esa terrible y diabólica palabra: “¿Por qué?”. Es veneno, puro veneno, porque siempre te das una respuesta a ti mismo. Es una trampa terrible, como una trampa para ratones. “Soy Raeliano. Sigo la Academia de la Felicidad de Maitreya. ¿Por qué me siento triste hoy? ¿Por qué?”.
¡Ah! “Es porque…”. Y ahí encuentras una justificación para tu sufrimiento. Y es muy interesante porque puedes deprimirte por el mero hecho de estar deprimido. “Estoy triste por estar triste. Sobre todo siendo Raeliano. ¿Cómo puedo estar triste? Conozco a Maitreya. Conozco la Academia de la Felicidad. ¿Cómo puedo sufrir?”. Y entonces te sumas otro sufrimiento, que es la culpa. “¿Cómo puedo sufrir? Soy Raeliano. He recibido la luz de los Elohim. ¡Vaya! Debo de ser un Raeliano muy malo”. Ya sabes.
E igual que puedes sentirte triste por estar triste, cuando estás triste, y luego triste por estar triste, puedes llegar a sentirte aún más triste por estar triste por estar triste. Sin fin. O, cuando estás en el hospital: “Tengo dolor, pero me estoy curando. Siento cómo mi cuerpo se cura a sí mismo”. No es una ilusión. Tu cuerpo se está curando a sí mismo constantemente.
¿Sabías que cada día, a todo el mundo le surgen nuevos cánceres? Cada minuto, tu cuerpo crea células cancerosas. Pero los Elohim han puesto dentro de nosotros una fuerza policial especial. Es como cuando te saltas un semáforo en rojo y la policía te para. Tenemos, en nuestra sangre y por todo nuestro cuerpo, esta fuerza policial. Y esta fuerza policial, en cuanto hay una célula que se vuelve anómala, la destruye. Constantemente.
Cada minuto, esta fuerza policial destruye millones de células, millones. Esta fuerza policial se llama sistema inmunológico.
Cuando nos crearon, no me refiero a los primeros seres humanos en los laboratorios de los Elohim. Me refiero a cuando te crearon en el vientre de tu madre. ¡Espermatozoide y óvulo, pum! Se unen por dentro. El espermatozoide entra, luego aparecen dos células, cuatro, ocho… Y va creciendo. Parece una pequeña mora. O una frambuesa negra, si lo prefieres. Por eso llaman a esta etapa, cuando pareces una pequeña baya, “mórula”. El nombre médico es mórula. Significa “pequeño fruto”. Y en esta etapa, todas las células son perfectas.
Luego, a medida que el desarrollo sigue su curso, pueden producirse algunos errores. Ya sabes, con el ordenador, haces “copiar y pegar” todos los días. Todas nuestras células funcionan así. Podemos vivir 70, 80 o 90 años. Pero nuestras células no. Tú puedes vivir 80 o 90 años, pero tus células tienen una vida muy corta. Algunas solo duran unas pocas horas. Luego mueren. Pero enseguida las sustituye una célula idéntica.
Copiar y pegar. Toda nuestra vida.
Pero a veces, como tenemos miles de millones de células, igual que en tu ordenador, se produce un error. Decimos que es un “archivo dañado”. “Dañado” significa que algo se ha modificado y que la copia ya no es la misma. Ese es el problema. Eso es el envejecimiento. Es como hacer “copiar y pegar” con errores.
¡Y ahí entra en acción el policía del sistema inmunitario! Cada vez que el “copiar y pegar” no es exactamente igual, destruye la célula. Pero en tu cuerpo, miles de millones, incluso billones, de células se están copiando y pegando constantemente. Y a veces la policía no se da cuenta. Y eso es el envejecimiento.
Estás lleno de pelo y, de repente, ¡zas!, ya no te queda nada. Una piel preciosa y, de repente, arrugas. Eso es un error de copiar y pegar. Por todas partes. ¿Unos pechos bonitos? Error de copiar y pegar. ¿Pelo negro? ¡Ups! Pelo blanco. Error de copiar y pegar. ¿Barba negra? Barba blanca. En todo nuestro cuerpo, constantemente. Un poco no pasa nada, pero vivimos mucho tiempo.
Las células viven, al menos algunas de ellas, solo unas horas, unos días o unas semanas. Pero nosotros vivimos 80, 90 años. Así que cada vez hay más errores de «copiar y pegar». De repente, la mayoría está dañada. Y la policía ya no puede arreglarlo. Se rinden. A eso lo llamamos muerte. Cuando hay demasiados errores, el sistema dice: “Fin del programa”. Y morimos. Todo lo que está vivo en la Tierra es así. Los árboles. Los animales. Las plantas. Excepto uno.
Hay una medusa que vive en la Tierra y los científicos están alucinados. Esta medusa es eterna. Nunca muere. Claro, pasa por el mismo proceso de envejecimiento. Y, al cabo de muchos años, se producen demasiados errores. Pero no muere. Se encoge hasta volver a sus células originales. Elimina todas las células que se han dañado. Y cuando vuelve a ser muy pequeña, compuesta solo de células puras, vuelve a crecer. Los Elohim la crearon para ayudarnos a descubrir algo. Y ahora muchos científicos están estudiando esta medusa, intentando aplicar lo que aprenden a los seres humanos.
Todos envejecemos. Cuando nos hacemos demasiado mayores y tenemos demasiados problemas, si pudiéramos volver a ser un bebé, sería divertido, ¿no? Y luego volver a crecer. Esto es un rompecabezas para los científicos. No lo entienden. Tampoco entienden del todo la física cuántica.
De hecho, hay más cosas que los científicos no entienden que cosas que sí entienden. Y siempre será así. Como dicen los mejores científicos: “Cuanto más estudio, más me doy cuenta de que no sé nada”. Puedes reconocer a los verdaderos científicos por cómo hablan. Si dicen: “Lo sabemos todo”, no son científicos. Si dicen: “No lo sé, y nadie lo sabe”, eso ya es un nivel superior. Y aún más alto:
“Quizá nunca lo sepamos”. Eso es lo más alto de lo más alto. El nivel más alto siempre va de la mano de la humildad. Es precioso. Y lo mismo pasa a nuestro nivel. ¿Por qué la gente no es amable y no sonríe? ¿Por qué no dan amor? Porque creen que lo saben todo sobre todo el mundo. Ven a alguien y dicen: “Ah, conozco a esta persona. Ah, es mala”. Pero cuando estás lleno de amor, cada vez que te encuentras con alguien, incluso con alguien a quien ya has visto mil veces, estás listo para dejarte sorprender.
Cada persona es un misterio. Cada persona. Todos los que están en esta sala. Todos los que viven en la Tierra. Todos los que están en el universo. Todos cambian constantemente. Lo notes o no, estás cambiando.
Buda dijo: “Nada es permanente”. Eso significa que nada lo es. Ni siquiera nosotros. El ejemplo más bonito: me encanta ir a los cementerios. ¡Me encanta! Están llenos de gente que quería hacer algo al día siguiente… Pero acabó bajo tierra. O en un jarrón con cenizas.
Todos los seres humanos que han muerto, es decir, todos los que han existido alguna vez, querían hacer algo al día siguiente. ¿Hay algo que quieras hacer? Y tú dices: “Lo haré mañana”. ¿Ah, sí? ¿Estás seguro de que mañana seguirás vivo? ¿Estás seguro? Yo no lo estoy. Por eso, cada segundo se vuelve precioso. Porque todas estas máquinas fantásticas… No hay nada permanente en su interior.
Mi corazón ya no es el mismo que tenía cuando nací. Mi cerebro ya no es el mismo que tenía el año pasado. Todas nuestras células cambian constantemente. Y lo mismo ocurre con nuestra conciencia. Y, lo que es aún más importante, con nuestra supraconsciencia. Cuando medites hoy, intenta recordar cómo meditabas hace siete años. No es lo mismo. La primera vez que meditas, en realidad no estás meditando. Porque prestas atención. No lo sientes todo. Miras una pared y dices: “Wow,, estoy meditando». Y en cuanto dices eso, ya no hay meditación.
Con el tiempo, ya no hay ese “¡wow!”. Ya no hay pared. Meditas frente a una pared, pero no la ves. Meditas con tu cuerpo, pero no lo sientes. Esa es la meditación definitiva. Pero todas estas máquinas cambian constantemente. Siente el cambio. Magia.
“Oh, tengo dolor”. Se está curando solo. Están llegando un montón de policías y ambulancias. Es increíble. Está pasando de verdad. Pero cuando solo confías en la medicina, renuncias a tu propia capacidad para curarte a ti mismo. Vas al hospital y piensas: “El hospital me va a curar”. Te tomas las pastillas que te dan y piensas: “Las pastillas me curarán”. Nunca.
Cuando estaba en el hospital y me dieron pastillas, mi pensamiento era: “Me curaré, incluso con estas pastillas horribles”. Me las tomo, pero no merecen mi atención. Mi cuerpo. Mi sistema inmunológico es infinitamente más poderoso que cualquier medicina humana. Nuestro mejor médico: los Elohim. Ellos pusieron todo dentro de nosotros. Hay gente que, ya sabes, durante todo esta broma del COVID, dice: «Oh, necesitamos una vacuna». Todo el mundo. Eso es un insulto a los Elohim. Y por eso muere la gente. Es un castigo.
No me voy a vacunar. Confío en los médicos de Elohim. Mi cuerpo.
Piensa en los millones de personas que han vivido en la Tierra y que han pasado por un sinfín de pandemias. No había vacunas. No había antibióticos. Pero seguimos vivos. Ni siquiera había hospitales. Porque había un médico increíblemente bueno llamado “sistema inmunológico”. Patentado. Patentado por los Elohim. ¿Te fijas en el pequeño símbolo ® que aparece detrás de un producto patentado? Aquí deberías poner uno bien grande. Los mejores médicos del universo infinito: los Elohim.
Y podemos llegar a vivir 120 años, 122 en el caso de Jeanne Calment. No era vegetariana. Fumaba. Le echaba azúcar a cada vaso de agua. Una cucharada grande de azúcar en cada vaso. Cuando la gente le preguntaba: “¿Por qué le echas azúcar?”, ella respondía: “Si no, no sabe a nada”. Ciento veintidós años. Hasta los 117 años, fumaba un paquete de cigarrillos al día y se comía un kilo de chocolate a la semana. No chocolate negro amargo. Chocolate normal con azúcar. Esa es Jeanne Calment. Pero siempre riendo. Siempre divirtiéndose. Ese es el secreto del médico registrado. Sonreírle a esta fantástica máquina.
¿Qué es la risa? Nadie sabe explicarlo. Solo tienes que mirar el mar y ya te entra la risa. Abres los ojos en la cama y te ríes. No piensas en los impuestos que tienes que pagar. Ni en cómo vas a comprar comida. Ni en los problemas con tu pareja, tu novia o tu novio.
Te despiertas. Y te ríes. ¿Por qué? Sin motivo alguno. Te sale de forma natural, de todo el cuerpo. Cuando te ríes, igual que cuando sonríes, son miles de millones de células las que se ríen. Puedes fingir la risa. Pero cuando sale de forma natural, viene de ellas. De repente, se produce una contracción. Piénsalo. Todas tus células se ríen cuando te ríes. Y cuando lo sientes, te ríes aún más. No puedes parar.
¿Por qué dejar de reírte? No hay motivo.
Solo la muerte puede hacer que dejes de reírte. Pero te lo garantizo: cuando te despiertes en el planeta de los Elohim, te despertarás y te reirás. De hecho, es una risa infinita.
¿Por qué no empiezas ya?


